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29 abril, 2026
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Contra todos: Kicillof enfrenta el cerco del poder, adentro y afuera, y se consolida como alternativa real

Por Alfredo Silletta

Más allá de que el establishment económico ya empieza a mostrar signos de desencanto con el rumbo del presidente Javier Milei, hay algo que los mantiene alineados: la decisión de frenar el crecimiento político del gobernador Axel Kicillof. En ese objetivo coinciden sectores del poder económico, los grandes medios y parte de la dirigencia política que ven en él una amenaza concreta.

Figuras del denominado “Círculo Rojo”, como Paolo Rocca o Héctor Magnetto, no solo buscan condicionar el escenario electoral sino también impedir que emerja una alternativa con eje en la redistribución del ingreso. No es un ataque al peronismo en su conjunto, sino selectivo: el blanco es Kicillof. Por eso empiezan a circular nombres más “aceptables” para el establishment, como Miguel Ángel Pichetto, Dante Gebel o Jorge Brito, en un intento de moldear una alternativa dócil a sus intereses.

Incluso dentro del propio peronismo aparecen movimientos que buscan domesticar su proyección. Espacios como el armado de Parque Norte —con dirigentes como Juan Manuel Olmos, Victoria Tolosa Paz, Guillermo Michel y Marcelo Lewandowski— promueven una agenda más conciliadora con el poder económico, marcando diferencias con el rumbo que expresa el gobernador bonaerense.

Mientras tanto, Kicillof gobierna en condiciones adversas. La Nación le recortó a la provincia unos 16,7 billones de pesos mediante la paralización de obras públicas, la eliminación de programas y la reducción de transferencias clave. Fondos destinados a educación, transporte, seguridad y jubilaciones fueron afectados, obligando a la provincia a sostener con recursos propios lo que antes era compartido.

En ese contexto, el ministro Andrés Larroque, junto a intendentes, salió a reclamar ante el gobierno nacional por la deuda en políticas alimentarias que mantiene Sandra Pettovello. El pedido es concreto: más recursos para sostener comedores, escuelas y programas sociales en medio de una crisis que golpea cada vez más fuerte.

Lejos de replegarse, la Provincia respondió con medidas propias. Se duplicó la asistencia alimentaria a municipios a través del programa MATE, con una inversión adicional de 26.400 millones de pesos, y se incrementaron en un 25% los programas sociales, alcanzando una inversión anual de más de 182.000 millones. Son decisiones que impactan directamente en millones de bonaerenses que hoy dependen del Estado para cubrir necesidades básicas.

Pero las tensiones no vienen solo de afuera. Sectores alineados con Cristina Fernández de Kirchner y Máximo Kirchner también buscan condicionar su armado político, presionando por acuerdos que incluyan nombres propios y control de listas. Desde La Plata, la respuesta es clara: ese camino ya fracasó. Ocurrió con Daniel Scioli y con Alberto Fernández, experiencias donde las internas debilitaron proyectos que terminaron pagando un alto costo político.

Kicillof, por ahora, elige el silencio estratégico mientras gestiona. Sabe que la provincia es un territorio complejo y que el boicot nacional no es menor. Pero también entiende que su crecimiento no es casual: expresa una demanda social concreta frente al ajuste.

En un país donde muchos negocian poder, Kicillof apuesta a construirlo. Con gestión, con conflicto y con una idea clara: sin un proyecto que enfrente al poder económico y priorice a las mayorías, no hay salida posible. Y aunque intenten frenarlo desde todos los frentes, cada ataque no hace más que confirmar que hoy es el dirigente que más incomoda a los que siempre manejaron la Argentina.

Ese camino no puede quedarse en diagnósticos tibios: exige un programa mucho más profundo, con medidas concretas y un rumbo nítidamente distinto al actual. Mejorar el salario real de los trabajadores, reactivar la industria y abrir fábricas, renegociar la relación con el FMI en función de los intereses nacionales, fortalecer sin concesiones la salud y la educación pública, y avanzar hacia un sistema impositivo donde paguen más los que más tienen. No hay salida si el ajuste sigue cayendo sobre los mismos de siempre.

La Argentina que viene necesita romper con la lógica de parches y administrar la escasez. Necesita decisión política para cambiar de raíz el modelo: que la riqueza deje de concentrarse arriba y empiece a distribuirse hacia abajo, donde están los trabajadores, las pymes y los sectores que sostienen el país todos los días.

Sin un liderazgo firme y un programa verdaderamente transformador no habrá solución en la Argentina post-Milei. Hace falta un presidente que mire más a Perón que al establishment, que se anime a tocar intereses y que tenga claro algo básico: esta vez, la crisis no la pueden pagar los de abajo; la tienen que pagar los de arriba.

 

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