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4 noviembre, 2026
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Un golpe para la ultraderecha mundial: Trump perdió por goleada y Milei se queda sin padrino

La derrota electoral de Donald Trump fue mucho más que un revés legislativo: los demócratas recuperaron el control de ambas cámaras del Congreso y avanzaron sobre bastiones republicanos que parecían inexpugnables. El voto castigo tuvo razones económicas, sociales y políticas. Mientras tanto, Javier Milei, que hizo de Trump uno de sus principales aliados internacionales, viaja a España en medio de versiones sobre un fuerte episodio de ira durante el vuelo al enterarse de los resultados.

Los estadounidenses le dieron una paliza electoral a Donald Trump. Cansados de su gestión económica, del aumento del costo de vida, de la política arancelaria y de una escalada bélica que amenaza con agravar la situación internacional, millones de ciudadanos votaron contra el Partido Republicano y le arrebataron el control de las dos cámaras del Congreso.

Las elecciones legislativas de medio término del martes dejaron un resultado demoledor para la Casa Blanca. Los demócratas consiguieron victorias históricas en estados tradicionalmente republicanos, como Texas y Kansas, y conquistaron al menos siete bancas en el Senado, además de recuperar la mayoría en la Cámara de Representantes. También lograron importantes triunfos en distintas elecciones para gobernadores.

Una verdadera ola electoral que dejó a Trump en una situación de enorme debilidad política para los dos años que le quedan de mandato. Aunque el presidente intentó despegarse del resultado argumentando que no figuraba personalmente en las boletas, nadie puede desconocer que convirtió la elección en un plebiscito sobre su gobierno.

El mensaje de las urnas fue contundente: una parte mayoritaria del electorado rechazó el rumbo económico, la política migratoria, la confrontación permanente y la prepotencia de una administración que pretendía imponer sus decisiones sin medir las consecuencias sociales.

Una derrota con olor a castigo social

La derrota republicana no fue producto de una casualidad ni de un simple malestar pasajero. Detrás del resultado hay una profunda crisis de confianza en Trump y en su proyecto político.

La inflación y el encarecimiento de los productos básicos golpearon el bolsillo de millones de familias. La política arancelaria, presentada por el mandatario como una herramienta para defender la industria estadounidense, terminó alimentando el aumento de precios y el descontento de los consumidores.

A eso se sumó el rechazo a la escalada militar contra Irán, el temor a una guerra prolongada y sus consecuencias sobre el precio de los combustibles y la economía mundial.

También pesó la movilización de sectores que rechazaron las restricciones migratorias, la política de persecución contra los inmigrantes y el discurso de odio que se convirtió en una marca registrada de la administración republicana.

El resultado fue una derrota de dimensiones históricas. Los demócratas consiguieron quebrar la hegemonía republicana en territorios donde durante décadas parecía imposible ganar. Texas fue uno de los símbolos de esa transformación.

Ahora, con el control del Congreso, la oposición tendrá herramientas para bloquear iniciativas presidenciales, investigar al gobierno y poner límites a una administración que hasta ahora había contado con amplias facilidades legislativas.

Milei, otro aliado que mira con preocupación

Mientras Estados Unidos procesaba el terremoto electoral, Javier Milei viajaba rumbo a España. Según versiones que circularon durante el vuelo, el Presidente habría protagonizado un fuerte episodio de ira al enterarse de la derrota de su amigo y principal aliado político, Donald Trump. Sin embargo, no hay confirmación independiente de que haya sufrido un ataque de pánico.

La preocupación de Milei no resulta difícil de entender. El mandatario argentino construyó buena parte de su estrategia internacional alrededor de su alineamiento incondicional con Trump y con los sectores más radicalizados de la derecha mundial.

Pero el problema para la Casa Rosada es que los resultados electorales empiezan a mostrar que el modelo de ajuste, confrontación social y privilegios para las élites económicas también encuentra límites en las urnas.

En España lo espera un escenario político igualmente incómodo. El presidente Pedro Sánchez, a quien Milei no se cansó de insultar, celebró los resultados electorales y destacó el rechazo ciudadano a las políticas de la ultraderecha.

“Ocurrió en Brasil, acaba de ocurrir en EEUU y ocurrirá pronto en España, la sociedad votó contra las políticas que solo empobrecen, contra el odio, el negacionismo climático y los privilegios de las élites”, señaló Sánchez en su cuenta de X.

La referencia no es menor. El triunfo de Lula en Brasil y ahora la contundente victoria demócrata en Estados Unidos representan dos señales políticas que incomodan profundamente al universo ideológico en el que se mueve Milei.

La derrota de Trump no significa automáticamente el derrumbe de la derecha internacional, pero demuestra que el respaldo popular no es un cheque en blanco y que las sociedades también pueden reaccionar cuando el ajuste, la inflación y la pérdida de derechos se convierten en su vida cotidiana.

Y ahí aparece el verdadero problema para Milei: su principal referente internacional acaba de recibir un cachetazo electoral monumental. Porque cuando la gente deja de llegar a fin de mes, los discursos grandilocuentes, los enemigos imaginarios y las promesas de grandeza empiezan a perder eficacia.

Trump acaba de recibir el mensaje en las urnas. Milei debería entender que no se puede gobernador eternamente de espaldas al pueblo

 

 

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Alfredo Silletta

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