
Llega un nuevo 17 de Octubre, la fecha más emblemática del peronismo, y el movimiento volverá a mostrar sus divisiones. Aquella jornada de 1945, cuando una multitud de trabajadores salió a las calles para exigir la liberación de Juan Domingo Perón y cambió para siempre la historia argentina, contrasta con una dirigencia que todavía no consigue construir una respuesta común frente al avance de la derecha.
Mientras Javier Milei profundiza un modelo económico que golpea a los trabajadores, los jubilados y los sectores populares, el peronismo celebrará el Día de la Lealtad con actos separados, diferencias internas y una discusión que sigue pendiente: cómo volver a representar las esperanzas de millones de argentinos que sufren las consecuencias del ajuste.
El gobernador bonaerense Axel Kicillof, presidente del PJ bonaerense, encabezará un acto en el Centro Cultural y Deportivo Juan Domingo Perón, en González Catán, partido de La Matanza, acompañado por la vicegobernadora Verónica Magario, el intendente Fernando Espinoza y otros jefes comunales.
En paralelo, La Cámpora y sectores del kirchnerismo se movilizarán a San José 1111, el domicilio de Cristina Fernández de Kirchner, quien cumple prisión domiciliaria. Máximo Kirchner no participará de esa actividad, ya que viajará a Chaco para realizar actividades junto al exgobernador Jorge Capitanich.
La CGT, por su parte, realizará su propio acto el viernes 16 en su sede de Azopardo y luego organizará un festival artístico. Sergio Massa, en tanto, no había confirmado actividades del Frente Renovador para la fecha.
Las diferencias entre los sectores del peronismo vuelven a quedar expuestas. Pero el problema no es solamente que haya actos separados: la verdadera preocupación es que, frente a una sociedad golpeada por la crisis, todavía no aparezca una propuesta compartida capaz de entusiasmar y ofrecer una salida.
Aquel 17 de Octubre que cambió la historia
El 17 de octubre de 1945 no fue una celebración partidaria ni una movilización organizada para resolver una interna dirigencial. Fue la irrupción de los trabajadores en la vida política argentina. Miles de hombres y mujeres salieron a las calles para reclamar la liberación de Perón y defender las conquistas sociales que habían comenzado a obtener desde la Secretaría de Trabajo y Previsión.
Entre esas medidas se encontraban el Estatuto del Peón Rural, que estableció condiciones laborales y salariales para los trabajadores del campo; la expansión de los convenios colectivos; el impulso a los tribunales laborales; las mejoras salariales y el reconocimiento de derechos como las vacaciones pagas y las indemnizaciones por accidentes de trabajo.
Aquella movilización transformó a los trabajadores en protagonistas centrales de la política nacional. Una multitud ocupó las calles de Buenos Aires y dejó en evidencia que la Argentina estaba cambiando. Los sectores tradicionales del poder no comprendieron la dimensión de lo que ocurría hasta que la fuerza popular hizo imposible ignorarla.
La lección del 17 de Octubre sigue vigente: el peronismo nació como una expresión de los trabajadores que reclamaban derechos y protagonismo, no como una disputa entre dirigentes por el control de un sello partidario.
¿Qué le pasa hoy al peronismo?
La pregunta resulta inevitable. Frente a un Gobierno que ajusta sobre los sectores populares, deteriora los ingresos, golpea a la industria nacional y promueve una profunda desregulación económica, el peronismo debería estar construyendo una alternativa clara y convocante.
Mientras los salarios y las jubilaciones pierden capacidad de compra, aumentan los costos de los alimentos, el transporte y los servicios, y millones de argentinos tienen dificultades para llegar a fin de mes, la dirigencia peronista sigue atrapada en sus diferencias.
El movimiento tiene por delante una enorme responsabilidad: resolver sus internas, discutir un programa y elegir democráticamente a sus candidatos. Pero, sobre todo, debe recuperar la capacidad de hablarles a quienes hoy padecen las consecuencias de las políticas de Milei.
Ya no alcanza con señalar los errores del Gobierno ni con esperar que el desgaste económico se traduzca automáticamente en votos. La sociedad necesita saber qué propone el peronismo para salir de la crisis y cómo piensa hacerlo.
La Argentina que viene exige definiciones. ¿Qué hará con las jubilaciones y los salarios? ¿Cómo recuperará los derechos laborales? ¿Qué política impulsará para defender la industria nacional, la salud y la educación públicas? ¿Cómo enfrentará el problema de los alquileres y el endeudamiento de las familias? ¿Qué relación establecerá con el FMI y qué lugar ocupará el país en el escenario internacional?
También deberá discutir la explotación de los recursos naturales, las condiciones de las inversiones extranjeras, la distribución de la riqueza y una reforma tributaria que haga que los sectores de mayores ingresos contribuyan de manera más justa.
El peronismo necesita volver a pensar en Perón, no para repetir consignas, sino para recuperar una idea fundamental: gobernar no es administrar resignadamente la realidad, sino transformarla para mejorar la vida de las mayorías.
Kicillof y la necesidad de construir una alternativa
Axel Kicillof aparece como uno de los principales dirigentes con proyección nacional y tiene la responsabilidad de contribuir a esa discusión. Pero no alcanza con diferenciarse de Milei ni con cuestionar sus políticas: hace falta presentar un proyecto de país que recupere la esperanza y explique con claridad qué se quiere hacer y para quiénes se va a gobernar.
El peronismo no puede quedar condicionado por lo que digan los grandes grupos económicos, los medios hegemónicos o los sectores del Poder Judicial que confrontan con sus dirigentes. Debe discutir cómo recuperar el poder adquisitivo, fortalecer el Estado, reconstruir la industria, defender los recursos nacionales y garantizar derechos.
Tampoco debería temerle a una discusión democrática sobre sus candidaturas. Kicillof, Sergio Massa, Sergio Uñac, Gerardo Zamora, Máximo Kirchner y cualquier otro dirigente que aspire a conducir el movimiento deben tener la posibilidad de presentar sus propuestas.
Las PASO pueden ser una herramienta para ordenar esa competencia y permitir que la ciudadanía participe en la definición de las candidaturas. Lo importante es terminar con las decisiones tomadas entre cuatro paredes y construir una representación respaldada por un programa y una legitimidad democrática.
Porque la unidad no consiste en esconder las diferencias ni en repartir cargos. La verdadera unidad se construye alrededor de objetivos comunes, propuestas concretas y un compromiso compartido con los sectores que el peronismo nació para representar.
El desafío de volver a enamorar
El 17 de Octubre debería ser mucho más que una fecha para recordar el pasado. Tiene que servir para discutir el futuro.
El peronismo necesita recuperar la iniciativa, dejar atrás las disputas estériles y ofrecer respuestas a una sociedad que demanda trabajo, salarios dignos, jubilaciones que permitan vivir, educación pública y un Estado que proteja a quienes más lo necesitan.
En 1945, los trabajadores cambiaron la historia porque encontraron en el peronismo una esperanza concreta. Hoy, mientras Milei avanza con su ajuste, el movimiento tiene que decidir si vuelve a ser una herramienta de transformación o queda atrapado en sus propias internas. El 17 de Octubre no se honra con actos separados ni con discursos nostálgicos: se honra construyendo un proyecto de país que devuelva la esperanza y se anime a enfrentar a los poderosos. Porque si el peronismo no ofrece una salida para las mayorías, otros ocuparán ese lugar.
